El corazón es nuestro motor, nuestro bien más preciado, el que nos va a permitir seguir adelante y, por esta razón, debemos cuidarlo. Lo que sucede es que el ritmo acelerado de las sociedades occidentales lo somete a unos niveles elevados de estrés. Tanto es así que las enfermedades cardiacas se han convertido en la primera causa de muerte en los países desarrollados.

Pero más allá de las cifras, quien más quien menos tiene algún amigo o familiar que padece algún tipo de problema cardiaco, lo que les obliga a plantearse cambios en sus hábitos y actividades diarias.

Lo curioso es que en muchos casos, por suerte cada vez menos, sólo se da uno cuenta de que no hace las cosas del todo bien hasta que le sucede un hecho negativo. En ese momento sí que nos planteamos mejorar (dejar de fumar, comer mejor, empezar a hacer ejercicio…).

Lo ideal sería que no llegásemos a esos extremos sino que de manera rutinaria siguiéramos unos hábitos saludables. Por ejemplo, a nivel de actividad física, sólo el hecho de caminar 30 minutos diarios a un ritmo moderado ya reduce las posibilidades de sufrir algún problema cardiaco, ¿no es tan difícil de incorporar a nuestros hábitos, verdad?

Siempre se está a tiempo de mejorar y reducir los riesgos. Pero en el caso de que ya se sufra alguna enfermedad todavía debemos centrarnos más en cuidar nuestro tesoro. Un corazón enfermo no hay que abandonarlo sino todo lo contrario, hay que vigilar aun más y seguir unas pautas muy claras. Existen rutinas de ejercicios tanto de seguimiento en servicios hospitalarios o centros médicos como en clubs deportivos o bien pensados para realizar en casa que pueden mejorar la calidad de vida del enfermo.

Antes de empezar

Seguramente será el propio médico quien recomiende la práctica de ejercicio. Si no es así, antes de iniciarse, es importante conocer cuál es el estado de salud real y concertar una visita. De esta manera, además de saber los antecedentes que han llevado a la persona a sufrir la enfermedad, lo más probable es que éste realice una prueba de esfuerzo, con la que podrá ver en tiempo real las adaptaciones del corazón a un esfuerzo. Se puede hacer en la cinta continua o en la bicicleta, y con los datos obtenidos podrá recomendar el tipo de actividad que mejor se adapta a sus necesidades dentro de un marco de seguridad.

Depende de la importancia de la enfermedad de cada persona, las pautas serán diferentes y probablemente muy personalizadas, pero en la mayoría de los casos se aconseja actividad aeróbica, aquélla en la que básicamente se utiliza oxígeno para conseguir energía: andar, ir en bicicleta, hacer remo, nadar…

Si la persona acaba de salir de un episodio cardiaco agudo normalmente se pauta actividad supervisada en un centro de rehabilitación donde los profesionales hacen un seguimiento exhaustivo para conseguir la mejora y la readaptación a las actividades habituales.

Cuando ya ha pasado más tiempo o se ha estabilizado, la actividad aeróbica puede ser parte de la rutina recomendada (bicicleta, nadar o por qué no, actividades tipo aquagym).

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diciembre 22, 2017 Información actualSalud

Caminar sería el ejercicio más básico y el que más aconsejan los facultativos para la promoción de una salud cardiovascular correcta. El motivo es que estamos ante una actividad fácil y al alcance de todos. No se trata de hacer kilómetros y kilómetros cada día sino de conocer cuáles son las capacidades de cada individuo e ir adaptándose a las circunstancias. Para empezar, se trata de buscar un terreno llano, sin desniveles, y de manera progresiva intentar llegar al objetivo de caminar 30 minutos seguidos a buen ritmo (el que nos permita mantener una conversación). Y es importante caminar sin parar, por lo tanto no serviría caminar mientras se va de compras y uno se va parando en los escaparates o entrando en las tiendas.

Bienestar-Deporte y Salud-ejercicio-para-corazon

Al andar no sólo ponemos en marcha el corazón sino que estaremos activando los vasos sanguíneos que en muchos casos han sido la causa del problema cardiaco. Las paredes de los vasos, al fin y al cabo, son tejidos que obtienen beneficios del ejercicio. Si los mantenemos en forma estaremos actuando no sólo a nivel terapéutico sino también preventivo de complicaciones asociadas a la enfermedad ya existente.

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Las personas mayores no queman la grasa almacenada tan eficazmente como los adultos jóvenes

Investigadores de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, han descrito cómo los sistemas nerviosos y el sistema inmunológico hablan entre sí para controlar el metabolismo y la inflamación. Su descubrimiento, publicado en ‘Nature’, ayuda a los científicos a comprender por qué los adultos mayores no queman la grasa del vientre almacenada, lo que eleva el riesgo de enfermedades crónicas y apunta a posibles enfoques terapéuticos para atacar el problema, según los autores.

Los adultos mayores, independientemente del peso corporal, suelen tener un aumento de la grasa del vientre. Sin embargo, cuando necesitan gastar energía, las personas mayores no queman la energía almacenada en las células grasas tan eficientemente como los adultos más jóvenes, lo que lleva a la dañina acumulación de grasa del vientre, pero la causa subyacente de esta falta de respuesta en las células grasas se desconoce.

En su trabajo, el director de la investigación, Vishwa Dixit, profesor de Medicina Comparativa e Inmunobiología en la Universidad de Yale, y sus colaboradores del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Tennessee, Estados Unidos, y la Universidad de Bonn, Alemania, se centraron en células inmunitarias especializadas conocidas como macrófagos, que suelen estar involucradas en el control de infecciones.

El laboratorio de Dixit descubrió un nuevo tipo de macrófago que reside en los nervios de la grasa del vientre. Estos macrófagos asociados a los nervios se inflaman con la edad y no permiten que los neurotransmisores, que son mensajeros químicos, funcionen correctamente.

Los adultos mayores, independientemente del peso corporal, suelen tener un aumento la grasa del vientre.

Los científicos también aislaron células inmunes del tejido graso de ratones jóvenes y viejos, y luego secuenciaron el genoma para entender el problema. “Descubrimos que los macrófagos envejecidos pueden descomponer los neurotransmisores llamados catecolaminas y, por lo tanto, no permiten que las células de grasa suministren combustible cuando surge la demanda“, explica Dixit, que también es miembro del Centro de Investigación sobre Envejecimiento de Yale.

La ‘charla’ de las células inmunes y el sistema nervioso

Los investigadores encontraron que cuando disminuyeron un receptor específico que controla la inflamación, el inflamasoma NLRP3, en los macrófagos envejecidos, las catecolaminas podrían actuar para inducir la descomposición de la grasa, similar a como sucede en los ratones jóvenes. “El hallazgo clave es que las células inmunes hablan con el sistema nervioso para controlar el metabolismo”, dice Dixit.

En otros experimentos, los investigadores bloquearon una enzima que se incrementa en macrófagos envejecidos, restaurando el metabolismo normal de grasas en ratones más viejos. Dixit observó que esta enzima, la monoaminO oxidasa-A o MAOA, es inhibida por los fármacos existentes para el tratamiento de la depresión.
“Teóricamente, uno podría reutilizar estos fármacos inhibidores de MAOA para mejorar el metabolismo en individuos de edad”, dice. Pero también advirtió que se necesita más investigación para dirigir específicamente estos fármacos a la grasa del vientre y para probar la seguridad de este enfoque.

En futuras investigaciones, Dixit y sus colegas examinarán más a fondo las células inmunes y su interacción con los nervios, y cómo este diálogo neuro-inmune controla la salud y la enfermedad. Si el control de la inflamación en el envejecimiento de las células inmunes puede mejorar el metabolismo, puede tener otros efectos positivos sobre el sistema nervioso o sobre el proceso de envejecimiento en sí, dicen los investigadores.

“El propósito de nuestra investigación es entender mejor las interacciones de las células inmunes con los nervios y las células de grasa para reducir potencialmente la grasa del vientre, mejorar el metabolismo y mejorar el rendimiento en los ancianos“, apunta Christina D. Camell, primera autora del estudio.

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He encontrado este curioso articulo para este día de esta terrible enfermedad que parece que va en aumento, poca personas conozco que tengan un familiar o un amigo que haya pasado por esta situación, yo me sumo a la lucha contra el Cáncer de mama.

 

¿Quien fue el primero en descubrir el cáncer de mama y en qué año?

– No es tan fácil de responder como usted piensa. El cáncer de mama es una enfermedad tan antigua como la humanidad. Como es muy fácil apreciarla desde fuera una vez que ha crecido lo suficiente, es probable que se la conozca desde siempre. Hay fósiles de huesos pertenecientes a homínidos con lesiones que se han interpretado como probables metástasis de cáncer de mama.

La descripción más antigua del cáncer de mama se puede hallar, nada más y nada menos, que en el Papiro de Edwin Smith, un documento egipcio sobre medicina y otros asuntos datado tres mil años antes de Jesucristo. Junto con el babilonio Codigo de Hammurabi, es el documento relativo a la práctica de la medicina más antiguo que se conoce. Parece ser que los egipcios trataban el cáncer de mama con el cauterio. Un hierro al rojo vivo, vamos. Claro, que la anestesia se descubrió más de cuatro mil quinientos años después.

La primera representación de una mastectomía o extirpación de la mama corresponde a Andreas Vesalio, un anatomista que vivió en Flandes en el siglo XVI. Pero la primera descripción verdaderamente completa de la enfermedad corresponde al médico francés Le Dran, que vivió y practicó en París entre 1685 y 1770.

Detalló cómo el cáncer se extendía de la mama a los ganglios de la axila y, de allí, al resto del cuerpo. Fue el primero en señalar que la afectación de estos ganglios marca un mal pronóstico. Cuatrocientos años después, los oncólogos seguimos apoyándonos en este dato para aconsejar algunos tratamientos de quimioterapia.

RICARDO CUBEDO
Servicio de Oncología Médica, Clínica Universitaria Puerta de Hierro (MADRID)



junio 16, 2017 Información actual

Los síntomas de la rotura y la contractura muscular son muy similares: una sensación de que la vaina de fibras se “encoge”, a la vez de que quema, y, normalmente, no puedes seguir corriendo. Pero pueden dar lugar a equivocaciones.

 

¿CUÁL ES LA DIFERENCIA?

En el caso de la contractura, el músculo simplemente se encoge, se forma una bola, pero no hay rotura fibrilar. Es lo que suele suceder tras una sobrecarga producida por un exceso de entrenamiento, y, con una o varias sesiones de masaje, esa contractura se suele “rebajar”.

Si, por el contrario, esa contractura es muy pronunciada, tal vez necesites cuatro o seis días de reposo, para que el fisioterapeuta pueda empezar a trabajar sobre ella, ya que en un primer momento, si la inflamación es muy grande, te dolería mucho, y por ello, en casos así, es mejor dejar unas horas para que dicha inflamación se rebaje.

Durante este espacio de tiempo es bueno el que, si puedes, vayas rodando suave. Así se incrementa la circulación sanguínea, el músculo entra en calor y el hematoma se suele rebajar.

¿Y SI HAY ROTURA?

Por el contrario, si hay rotura, quiere decir que por algún punto el músculo se ha roto, y un numero de fibras se ha “cortado”. En este caso el trabajo de masaje también es importante, normalmente al partir del segundo o tercer día, pero el atleta ha de asumir que no podrá correr hasta pasadas tres, cuatro o incluso cinco semanas, en función de grado de rotura fibrilar que haya padecido.

Diferencias entre contractura y rotura

Los síntomas de la rotura y la contractura muscular son muy similares: una sensación de que la vaina de fibras se “encoge”, a la vez de que quema, y, normalmente, no puedes seguir corriendo. Pero pueden dar lugar a equivocaciones

 

¿CÓMO DEBES RECUPERARTE?

Con masajes, desde el momento en que tu fisioterapeuta o tu masajista te lo aconseje, y con el binomio “frío-calor”, para que el flujo sanguíneo se revitalice y la inflamación se reduzca.

Deberías ponerte hielo sobre la zona afectada varias veces al día, por espacio de 10 minutos (a partir de ese tiempo el efecto positivo empieza a descender), y, posteriormente, puedes ponerte pomada antiinflamatoria o, en el mejor de los casos, árnica. Eso sí, el hielo no te lo pongas directamente sobre la piel. Ponte una bosla o un trapo entre el hielo y la piel para evitar quemaduras.

Es importante que no olvidemos cuál es la mejor medicina: la prevención. Por eso, cuando no tengamos lesiones, es importante que nos acordemos de estirar antes y después de cada entrenamiento, así como de ir al masajista, si es posible, una vez a la semana, o, cuanto menos, una vez cada dos, para que lleve acabo la preceptiva “descarga” muscular.

Y, sobre todo, debes tener paciencia. Las lesiones son parte de la vida del deportista, como lo son los récords, los fracasos, las malas carreras, las buenas, las victorias personales, etc.

En definitiva, en la vida del atleta, como en cualquier otro parámetro de nuestra existencia, hay momentos buenos y malos.

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Seguro que nadie ha pasado por alto en los juegos olímpicos las marcas que mostraba Michael Phelps tras haber recibido un tratamiento mediante ventosas, o cupping. Tras esta aparición, muchos pacientes han querido probar esta técnica, muchos fisioterapeutas se han formado en ella y otros muchos otros la desechan por falta de evidencia científica. ¿Existen estudios que muestren su eficacia? ¿Aunque no los existan, producen beneficios o es sólo un placebo? ¿Presentan riesgos si no se aplican correctamente? Vamos a hablar de ello.

 

 

EN QUÉ CONSISTE EL CUPPING

El “cupping” o la terapia con ventosas, se utiliza en la medicina tradicional china y data de más de 2000 años de antigüedad. El mecanismo de acción no está claro, pero algunos investigadores sugieren que la colocación de las ventosas en puntos concretos de la piel, produce una succión que provoca hiperemia o hemólisis, con resultados terapéuticos.

Según la medicina tradicional china, estos puntos donde se colocan las ventosas son los puntos Ashi, y existen diferentes métodos de aplicación. El método tradicional se realiza encendiendo un trozo de algodón, que se coloca en una ventosa de vidrio, produciendo una combustión de oxígeno que genera un vacío, succionando la piel. En la terapia occidental, los fisioterapeutas utilizan ventosas de plástico con una válvula. Los modos de aplicación son los siguientes:

Ventosas fijas (retained cupping): se fija la ventosa de 3’ a 5’sobre puntos específicos para tratar aquellos puntos reflejos viscerales, así como para el tratamiento muscular.

Masaje con ventosa (moving cupping): se aplica aceite para favorecer el deslizamiento de la ventosa, realizando un masaje con un objetivo circulatorio.

Ventosa rápida (flash cupping): se colocan las ventosas produciendo el vacío y se retiran de inmediato (3´´-4´´).

Sangrado con ventosa (needing cupping):  Se pincha la piel en una zona congestionada o inflamada, y se coloca la ventosa provocando un pequeño sangrado.

El tiempo de aplicación depende de la tolerancia que existe en el tejido. Las reacciones que provoca son poco frecuentes pero normales en el tratamiento: hematomas o marcas circulares.

¿QUÉ EFECTOS FISIOLÓGICOS PRODUCE EL CUPPING?

Si observamos la información en la red, de profesionales y formaciones en fisioterapia, podemos ver que los beneficios que tiene la terapia del cupping son los siguientes:

Aumento de la circulación sanguínea y linfática

Disminución del dolor

Aumento del metabolismo

Aumento de la nutrición y oxigenación tisular

Hiperemia local

Depuración

Liberación miofascial

Efecto relajante muscular. Disminución del dolor musculoesquelético

Disminución de la inflamación

Muchos de estos beneficios son vistos en la práctica clínica y confirmados por los pacientes, pero debemos consultar la literatura científica para comprobar si es un efecto placebo o realmente esta técnica es tan efectiva.

¿QUÉ NOS DICE LA EVIDENCIA CIENTÍFICA?

 

Los estudios muestran que la aplicación de ventosas para el dolor de espalda es efectiva, mediante el mecanismo de congestión e interrupción de la circulación sanguínea, deteniendo los procesos inflamatorios. Otros estudios postulan que el cupping podría dirigirse al sistema nervioso autónomo y ayudar a reducir el dolor. Los resultados de la más reciente revisión sistemática muestran efectividad para tratar disfunciones como el herpes zóster, acné, parálisis facial y espondilosis cervical.

La técnica de ventosas combinada con otros tratamientos muestran resultados positivos, y su bajo  coste,  su  fácil  aplicación  y  sus  escasos efectos adversos, hacen de esta técnica un tratamiento de elección para el manejo del dolor. No muestra interacciones combinada con otras terapias y los efectos secundarios derivados son muy bajos.

De manera similar a la acupuntura, el cupping está basado en canales energéticos (meridianos) y puntos de acupuntura. Pero, desde el punto de vista de la medicina occidental, existe poca evidencia. Las revisiones sistemáticas, incluso realizadas por profesionales de la medicina tradicional china, sugieren que se debe investigar más para estandarizar los protocolos: tipos de ventosas, número de sesiones y frecuencia, etc.

 

Todos los autores concluyen en que los resultados no son significativos como para afirmar conclusiones, y es necesario continuar en la línea de investigación para elaborar conclusiones definitivas.


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