¿Qué es una tendinitis de Aquiles?
Una tendinitis de Aquiles es una inflamación (irritación e hinchazón) del tendón de Aquiles. El tendón de Aquiles es una tira de tejido ubicada en la parte posterior del pie. Conecta el hueso del talón con los músculos de la pantorrilla.
 
¿Cuáles son los signos y los síntomas de la tendinitis de Aquiles?
La tendinitis de Aquiles causa dolor un poco más arriba del talón y en la parte inferior de la pierna, sobre todo después de correr o de hacer otro tipo de actividades físicas. El dolor empeora cuando se hace ejercicio físico y mejora con el reposo.
 
Las personas con tendinitis de Aquiles también pueden tener:
 
– Rigidez y molestias en el talón, sobre todo por la mañana
hinchazón o nódulos duros en el tendón de Aquiles.
– Sonido similar al crujido o chasquido al mover el tobillo o al presionar el tendón de Aquiles
– Debilidad en la pierna afectada
– Dolor al estirar el pie
– Dolor provocado por la presión del calzado
– Causas de la tendinitis de Aquiles
 
La tendinitis de Aquiles suele ser una lesión por sobrecarga (cuando movimientos que se hacen de forma repetitiva lesionan una parte del cuerpo). También puede ocurrir cuando una persona:
 
– Aumenta de repente el ejercicio físico
– No calienta los músculos de la pantorrilla antes de hacer ejercicio
– Hace ejercicio físico con un calzado desgastado, que no le sujeta bien el pie o de talla incorrecta
– No estira el tendón de Aquiles ni la parte posterior de la pierna después de estar activo físicamente
– Recibe un golpe directo en esa parte del cuerpo
 
¿Quién puede desarrollar una tendinitis de Aquiles?
La tendinitis de Aquiles suele afectar a personas que practican deportes donde se fuerza mucho el talón, como correr, saltar, el tenis, el baloncesto, el patinaje artístico, el esquí y el baile.
 
¿Cómo se diagnostica?
 
Hacen una exploración física al paciente
En algunas ocasiones, los médicos piden pruebas de diagnóstico por la imagen, como radiografías o resonancias magnéticas (RM) (si creen que el tendón de Aquiles podría estar desgarrado o roto).
 
¿Cómo se trata?
– El tratamiento de la tendinitis de Aquiles empieza tomándose un descanso con respecto a la actividad física que ha conducido a esta lesión. Suele estar bien hacer ejercicios que no supongan levantar peso, como la natación o el ciclismo suave en terreno plano, así como actividades de estiramientos tipo yoga. Si una persona con tendinitis de Aquiles no hace reposo, el tendón puede acabar lesionándose más.
 
Es posible que el profesional de la salud que lleva a su hijo recomiende:
 
– Hacer estiramientos del tendón de Aquiles durante 30 segundos seguidos de 3 a 4 veces al día
– Poner hielo o un paquete de frío en el talón cada 1 o 2 horas, durante 15 minutos seguidos. (Colocar una toalla fina o delgada sobre la piel para protegerla del frío).
– Vendar o colocar una cinta adhesiva alrededor del tendón de Aquiles.
– Elevar el pie, colocándolo por encima de la altura del corazón para ayudar a reducir la hinchazón
– Tomar ibuprofeno (Advil, Motrin o la marca genérica de una tienda) para ayudar a aliviar el dolor y la hinchazón
estirar y fortalecer los músculos mediante fisioterapia o un programa de ejercicio físico en casa
– Llevar una bota ortopédica y usar muletas para mantener inmóvil el tendón
– Usar unas plantillas dentro del calzado (también conocidas como órtesis para el calzado) indicadas por tu profesional de la salud o por una persona con experiencia en ortopedia
colocar protectores acolchados en el tendón de Aquiles si este roza con la superficie del calzado o ir cambiando de calzado
– Fortalecer los músculos que rodean el tendón para no forzar tanto el tendón de Aquiles y para que estos músculos sostengan mejor el tobillo
– Las inyecciones de esteroides en o alrededor del tendón de Aquiles se han asociado a ruptura del tendón, por lo que no se recomiendan.
 
Raramente, una persona puede necesitar operarse el tendón de Aquiles si no remiten sus síntomas después de haber seguido todas las recomendaciones de su médico.
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mayo 9, 2024 FisioterapiaSalud

Los ejercicios respiratorios son muy benéficos porque además de reducir el estrés, mejoran la capacidad pulmonar y el rendimiento en el desempeño de cualquier actividad física. No son sólo para quienes padecen dificultades respiratorias, como comúnmente se cree, sino que los pueden hacer todas las personas que buscan la relajación y un mejor control de sus emociones.

 

En ciertas ocasiones, la disminución de la cantidad de oxigeno en la sangre acelera el proceso de envejecimiento, disminuye la energía y la habilidad mental; además, la falta de flexibilidad de los músculos de la caja torácica impide una correcta respiración, de acuerdo con el portal rutinadeejercicios.com

1. Recuéstate boca arriba cómodamente, coloca ambas manos en la parte superior del abdomen, inspira lenta y profundamente llevando el aire hacia el estómago (te darás cuenta cuando tus manos se eleven un poco) y luego al pecho; cuando ya no puedas inspirar más, retén el aire por unos segundos y suéltalo lentamente. Realiza este ejercicio durante 5 minutos.

2. Siéntate con le espalda recta, exhala y luego inhala lentamente como en el ejercicio anterior, llevando el aire hacia el abdomen, mantén el aire y suéltalo lentamente. Haz cinco respiraciones y cierra los ojos, luego haz otras cinco más.

3. Repite el ejercicio anterior, pero cuando exhales, procura que el aire salga a la vez que dices “HUM”, esto te ayudará a vaciar lo más que puedas los pulmones.

4. Cuando tengas un poco más de experiencia, puedes realizar la respiración del Tai Chi Chuan; sentado debes hacer una inspiración corta hasta colocar ambos brazos estirados al frente, desde esa posición haz otra inspiración corta hasta colocar los brazos a la altura de los hombros de lado. Por último, realiza otra inspiración corta y lleva los brazos hacia arriba, luego exhala el aire lentamente a través de la boca a la vez que bajas los brazos.

Es indispensable una buena respiración para que tu organismo funcione correctamente, por lo que si realizas estos ejercicios al menos 3 veces por semana tendrás un mejor desempeño físico y mental, además de conservar un estado de relajación que te permita tomar mejores decisiones y acciones.

J. MANUEL REYES



Tras realizar una historia clínica y exploración física completa, su fisioterapeuta realizará un plan de tratamiento adaptado a usted.

Tratamiento sin cirugía

Si su evaluación confirma una etapa temprana de STC, se recomienda realizar un tratamiento conservador. La fisioterapia puede ayudarle a volver a sus actividades normales reduciendo los síntomas.

Según el estado de su lesión, el fisioterapeuta elegirá las diferentes técnicas manuales y/o instrumentales. El tratamiento de fisioterapia debe estar asociado a un reposo relativo de la articulación (para no agravar la lesión) y a medidas de prevención (para evitar que vuelva a ocurrir). En muchas ocasiones, se pueden prescribir férulas de descanso para la muñeca.

En la primera fase del tratamiento, los principales objetivos son disminuir la inflamación y el dolor que ocasiona el síndrome del túnel carpiano. Para ello, se utilizan diversas técnicas:

  • Electroterapia analgésica. Las corrientes analgésicas sirven para aliviar el dolor.
  • Ultrasonidos. Los ultrasonidos pueden aplicarse por sus efectos antiinflamatorios.
  • Crioterapia. La aplicación de hielo durante 10 minutos, 2 o 3 veces al día, ayuda a reducir la inflamación y el dolor.

Además, el fisioterapeuta puede realizar masoterapia y estiramientos pasivos. Esto ayudará a relajar y dar flexibilidad a los tendones y musculatura flexora de la muñeca. En muchas ocasiones, cuando la inflamación de los tendones disminuye, la presión sobre el nervio mediano y el dolor desaparecen.

En una segunda fase del tratamiento, cuando el dolor haya remitido, su fisioterapeuta le enseñará a realizar estiramientos activos. Estos estiramientos deben realizarse regularmente (sobre todo tras la actividad laboral) para evitar recaídas. Además, es aconsejable la aplicación de hielo durante 10 minutos, 2 o 3 veces al día.

En el caso de que tuviera una debilidad muscular a causa de la lesión, su fisioterapeuta le dará un plan de ejercicios para aumentar la fuerza muscular de la muñeca.

Tratamiento después de la cirugía

Si los síntomas son graves, seguramente necesitará cirugía. La fisioterapia es importante tras la cirugía para ayudar a restablecer la fuerza muscular de la muñeca y enseñarle a modificar los hábitos que pudieron provocarle la lesión. El tratamiento de fisioterapia puede incluir:

  • Ejercicios para mejorar la fuerza de los músculos de la muñeca/mano y mejorar la función
  • Movilizaciones pasivas para mejorar la movilidad de la muñeca
  • Tratamiento de las cicatrices para mantener la piel suave y flexible
  • Educación con respecto a la postura y posición adecuada de la muñeca para evitar la compresión del túnel carpiano en las actividades del hogar y ocio
  • Adaptación del lugar de trabajo para optimizar las posturas y posiciones.

¿Puede prevenirse el Síndrome del Túnel Carpiano?

No existen estrategias probadas para prevenir el síndrome del túnel carpiano, pero hay varias formas de minimizar el estrés de las manos y las muñecas. Los siguientes consejos le ayudarán a reducir ese estrés:

  1. Realice pequeños descansos. Cuando haga actividades repetitivas con sus manos, intente descansar un poco o alternarlo con otra actividad.
  2. Realice los ejercicios y estiramientos que su fisioterapeuta le ha enseñado, sobre todo después de su jornada laboral.
  3. Controle la fuerza que realiza con las manos. En muchos casos, las personas usamos más fuerza de la necesaria para realizar las actividades de la vida diaria.
  4. Adapte su puesto de trabajo. Si trabaja con el ordenador, su muñeca debe estar en posición neutra para evitar lesiones. Mantenga una buena postura y regule la altura de tu silla.  
Puede consultarnos en Clinica Zafrilla Servicios Médicos.
Situado en Parque de la Constitución Nº 5 Bajo Yecla (Murcia)
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El síndrome del túnel carpiano (STC) es una neuropatía (lesión de un nervio periférico) que se produce por la compresión del nervio mediano a su paso por el túnel carpiano. El STC es una lesión común de la muñeca y de la mano que puede afectar el uso de todo el brazo. Afecta al 1-3% de la población general.

El túnel carpiano es un canal estrecho en el lado palmar de la muñeca. El túnel protege el nervio mediano y los tendones que flexionan los dedos. La compresión del nervio produce entumecimiento, dolor y a veces debilidad de la mano, muy característico del síndrome del túnel carpiano.

 síndrome del túnel carpiano (STC) - Fisioterapia - Fisioterapeuta

Las posiciones extremas de la muñeca, así como un gran uso de los dedos, sobre todo con mucha fuerza o vibración pueden ocasionar un STC.

Afortunadamente, la mayoría de las personas que sufren el síndrome del túnel carpiano pueden aliviar el dolor, el entumecimiento y restablecer la función normal de la mano y de la muñeca con un tratamiento adecuado de fisioterapia.

¿Cuáles son las causas del Síndrome del Túnel Carpiano?

El síndrome del túnel carpiano ocurre como resultado de la compresión del nervio mediano. El nervio da sensibilidad a la parte palmar del pulgar y los dedos, con excepción del meñique. También proporciona las señales nerviosas necesarias para mover los dedos (función motora). En general, cualquier cosa que irrite o comprima el nervio mediano en el espacio del túnel carpiano puede ocasionar el STC.

En la mayoría de los casos, esta lesión está relacionada con los movimientos repetitivos de la muñeca y la actividad laboral del paciente. Los trabajos que requieren el uso de herramientas, los trabajos en líneas de montaje o el uso excesivo del teclado del ordenador pueden asociarse con un STC. También algunos deportes de raqueta o tocar algún instrumento puede ocasionar esta lesión. Otros factores que pueden ocasionar un STC son:

  • La inflamación y el hinchazón de los tendones de la muñeca
  • Las lesiones en la muñeca (torceduras, esguinces, luxaciones, fracturas)
  • Los cambios hormonales o metabólicos (embarazo, menopausia, el desequilibrio de la tiroides)
  • La retención de líquidos (por ejemplo, durante el embarazo)
  • La diabetes
  • Uso de ciertos medicamentos (por ejemplo, los esteroides)
  • La artritis degenerativa y la artritis reumatoide

Signos y Síntomas del Síndrome del Túnel Carpiano

El síndrome del túnel carpiano suele aparecer progresivamente con un ligero dolor en la muñeca que puede extenderse a la mano o al antebrazo. Los síntomas más comunes del síndrome del túnel carpiano son:

  • Hormigueo o entumecimiento en los dedos o mano, especialmente en el pulgar y el índice, también en el dedo medio y anular pero no en el meñique. Esta sensación ocurre a menudo al despertarnos, cuando se coge el volante o se sostiene el teléfono. A medida que la lesión progresa, el entumecimiento puede ser constante.
  • Dolor irradiado o extendido desde la muñeca hacia su brazo y hombro, y desde la muñeca hacia la palma de la mano y dedos, especialmente después de un movimiento repetitivo o forzoso.
  • Sensación de debilidad en la mano y tendencia a que se le caigan los objetos.

En el 50% de los pacientes con síndrome del túnel carpiano, la lesión es bilateral. Si los síntomas no son tratados, pueden aparecer lesiones a nivel nervioso y muscular.

¿Cómo se diagnostica el Síndrome del Túnel Carpiano?

Los síntomas del STC se reconocen fácilmente. Su fisioterapeuta junto con su médico le realizarán varias pruebas para identificar esta lesión y descartar otras.

  • Historia clínica. El patrón de los síntomas y signos puede dar una idea de la causa.
  • Exploración física. Es necesario testear la sensibilidad de los dedos y la fuerza muscular, ya que pueden estar afectados. También es aconsejable explorar otras áreas como el brazo, hombro y la región cervical para descartar otras patologías.
  • Signo de Tinel: consiste en realizar una extensión de muñeca al paciente y golpear ligeramente o presionar sobre el túnel carpiano. Si el dolor aparece, el test es positivo.
  • Test de Phalen: el paciente tiene que juntar sus manos por la parte dorsal y forzar la flexión de la muñeca durante 1 minuto. Si los síntomas aparecen, el test es positivo.
  • Radiografía. Se puede realizar para descartar fracturas o luxaciones en la muñeca.
  • Electromiografía. Esta prueba mide las pequeñas descargas eléctricas producidas en los músculos. Los instrumentos registran la actividad eléctrica de los músculos en reposo y en contracción. Esta prueba puede determinar si ha habido alguna lesión a nivel muscular.
  • Estudio de la conducción nerviosa. En una variación de la electromiografía y se mide la actividad eléctrica del nervio. Sirve para descartar otras lesiones nerviosas. 
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abril 18, 2024 FisioterapiaSalud

Todos hemos padecido en alguna ocasión dolores de espalda a causa de la presencia de contracturas musculares que nos limitan el movimiento y que nos impiden realizar nuestras actividades diarias con completa agilidad e independencia.

Cada vez que realizamos un movimiento nuestros músculos de manera natural se contraen y relajan. Sin embargo, una contracción alargada puede provocar que algunas de las fibras musculares se tensen de tal manera que se formen bandas duras en una zona provocándonos una contractura muscular.

Existen diversas causas por las que puede aparecernos una contractura, por ejemplo, manteniendo una posición prolongada durante un largo periodo de tiempo, a causa del estrés, por exceso de tensión como consecuencia de factores ambientales como el frío o la humedad, o en la práctica actividades deportivas que implican un sobre uso de la musculatura. De ahí que notemos un pequeño bulto al palpar el músculo.

En el caso de sufrir una contractura muscular en nuestra clínica de fisioterapia recomendamos a nuestros pacientes unas sencillas pautas que ayudarán a aliviarnos el dolor y la molestia fácilmente:

  1. Evitaremos el movimiento o el ejercicio que reproduzca el dolor y que nos ha causado la contractura.
  2. Aplicaremos calor a la zona contracturada, ya que provocamos una vasodilatación en el músculo, es decir, los vasos sanguíneos aumentan de tamaño provocando un mayor aporte sanguíneo (hiperemia) en la zona y, por tanto, esta recibirá una mayor aporte nutritivo y oxígeno que favorece la relajación y el alivio de los síntomas. La aplicación de calor puede ser tanto en seco, con almohadillas eléctricas, sacos de semillas, etc. como en húmedo, es decir, empleando agua caliente en la zona afectada. Debemos aplicarnos calor durante 15-20 minutos al día en pequeñas dosis. Se ha demostrado que es más efectivo aplicar calor durante varias veces al día que si se aplica de manera prolongada solo una vez. Por otro lado, en la clínica tras haber tratado la musculatura previamente el fisioterapeuta y provocar hiperemia, se puede realizar un masaje con frío, ya sea con cremas frías o con hielo aplicando un ligero masaje en la zona tratada. Esta técnica deberá ser realizada siempre por un fisioterapeuta.
  3. Realizaremos pequeños masajes en la zona utilizando una crema antiinflamatoria. Lo ideal es apretar la zona y dar un pequeño masaje circular provocando un amasamiento. Además, el masaje también aumenta la temperatura local del músculo lo que contribuye a la relajación y a la hiperemia.
  4. Realizar estiramientos de la musculatura local favoreciendo la relajación, ya que evitamos el acortamiento y contribuimos a la eliminación de las bandas tensas.

¿Qué hacer para prevenir una contractura muscular?

Para evitar la aparición de una contractura muscular es útil tener en cuenta una serie de pautas como por ejemplo:

  1. Mantener una buena higiene postural. Esto es importante sobre todo para personas que trabajan sentadas en ordenador, ya que las contracturas más notables y molestas aparecen en la zona del trapecio, entre cuello y hombro.
  2. Evitar gestos y movimientos repetitivos, ya que esto provoca un sobreesfuerzo mantenido del músculo, lo que puede conllevar a su acortamiento.
  3. Realizar un calentamiento previo antes de realizar cualquier actividad física. Tras realizar la actividad física es muy importante estirar para relajar el músculo que ha sido trabajado previamente. La pauta ideal para realizar un estiramiento es mantener la posición de estiramiento del músculo durante 10-15 segundos.
  4. La medicina natural también tiene efectos muy beneficiosos para la salud. La ingesta de antiinflamatorios naturales como Antinflamative, de CurativeLab puede ayudador a prevenir y disminuir las contracturas.

En conclusión, todos hemos sentido dolor por padecer una contractura muscular. Es importante seguir una serie de pautas para prevenirlas como una correcta postura y la realización periódica de estiramientos.

Para tratarlas aplicaremos siempre calor junto con un pequeño masaje con crema antiinflamatoria y realizar estiramientos para elongar el músculo.

En caso de no remitir la dolencia es necesario acudir a un fisioterapeuta que aplicará un tratamiento específico y personalizado.

 



Se recomienda que la mochila no supere el 15% del peso del niño. Te enseñamos cómo evitar dolencias y problemas de espalda en niños al llevar la mochila del colegio.

Las dolencias de espalda son un problema habitual entre los niños. Para evitarlo, se recomienda que el peso de las mochilas no supere el 15% de lo que pesa el niño. Sin embargo, en ocasiones los pequeños llevan hasta el 35% de lo que pesan ellos. Esta mala práctica ocasiona contracturas y sobrecargas que, aunque no son graves, pueden cronificarse y condicionar tanto el desarrollo del niño como su calidad de vida en la edad adulta.

Tipos de mochila para niños y niñas

Existen muchos tipos de mochilas escolares, cada una para una necesidad y edad diferente. Al conocer las diferentes clases de mochilas escolares, nos puede resultar más sencillo decidir cuál es la mejor para nuestros hijos.

Cómo debe llevar la mochila escolar tu hijo para que no le duela la espalda

Backpack o mochila escolar clásica

Es la mochila de siempre, la de toda la vida. Se trata de una bolsa grande con dos asas para colgar en los hombros y cargar en la espalda. Las hay de diferentes tamaños y formas y, dependiendo del modelo, contará con uno o varios compartimentos donde poder guardar los diferentes artículos escolares que el niño necesita llevar a clase.

Es una de las opciones favoritas, ya que es muy cómoda de llevar, cuenta con gran cantidad de espacio para poder transportar todo lo necesario para el día a día y cuenta con tirantes regulables que se adaptan al crecimiento del niño o al tipo de carga, de forma que se ajusta perfectamente a su altura y constitución.

Los modelos que disponen de correas y fondo de espalda acolchados, facilitan la carga y evitan que los tirantes se claven en los hombros del niño debido al peso de la carga de la mochila.

Mochila ergonómica

Es una variante del modelo anterior. Las nuevas mochilas ergonómicas cuentan con un diseño anatómico que se adapta a la morfología del niño para ayudarle a cuidar la espalda y evitar los dolores por cargar tanto peso.

Trolley o mochila con ruedas

La mochila con ruedas es otra de las favoritas porque permite cargar con mayor peso que las mochilas escolares clásicas sin forzar tanto la espalda. Al llevar ruedas, se puede arrastrar, evitando la carga excesiva sobre los hombros.

La estructura es similar a las mochilas clásicas, incluso algunas cuentan con asas para poderlas llevar también a la espalda. La única diferencia es que incluyen una estructura a modo de carrito sobre la que reposa la mochila. También incorporan un asa extensible para poder tirar de ella y adaptarse al crecimiento del niño.

El problema de estas mochilas radica en superar las dificultades que presentan a la hora de ser arrastradas por terrenos irregulares, como calles adoquinadas, escaleras o accesos difíciles.

Mochila bandolera o cruzada

No son muy frecuentes y su característica principal es que, aunque se carguen a la espalda como las mochilas clásicas, sólo lleva un asa y va atravesada sobre el pecho.

Suelen tener menos capacidad y resultan peores para soportar el peso, ya que éste recae únicamente sobre un hombro. Se trata de una mochila práctica para otros ámbitos en los que no es necesario llevar mucho material encima. Por ejemplo: a la hora de salir de paseo.

Mochila tipo bolso o de un solo hombro

Algunas mochilas adoptan la forma de un bolso grande. Su estructura consiste en una bolsa grande, normalmente de diseño horizontal, que puede incluir varios compartimentos en su diseño, tanto interiores como exteriores.

Su característica principal es el asa larga que puede colgarse de cualquiera de los dos hombros. Al igual que en el caso de la mochila bandolera, no es recomendable para cargar mucho peso, ya que se carga sobre un solo hombro. Sin embargo, resulta muy cómoda para llevar poco material.

Maleta, maletín o portafolios con asa

Las mochilas escolares estilo maleta o portafolios disponen de un asa superior para llevarlas en la mano. Algunos modelos también disponen de una correa más larga para poder cargarla sobre un hombro o llevarla en un lateral del cuerpo, cruzada sobre el pecho.

Aunque muchas tienen gran capacidad, resultan incómodas si se cargan demasiado, ya que el peso recae sobre un solo brazo. Algunas de ellas, además, tienen forma cuadrada vertical o rectangular horizontal, por lo que distribuyen peor la carga y desequilibran más la espalda al sobresalir por los costados.

Así que, en general, las mejores mochilas son aquellas que permiten distribuir mejor su peso, como sucede con las mochilas clásica y ergomómica; o llevarlo a rastras para no forzar la musculatura y los huesos de la espalda, como es el caso de los trolleys.

Qué mochila elegir para tus hijos según su edad y peso

Hay tres factores importantes a tener en cuenta a la hora de escoger una mochila infantil:

  • Las medidas de la mochila: la mochila nunca debe ser más larga que la espalda del niño.
  • La capacidad de la mochila: se suele medir en litros y una vez cargada nunca debe pesar más del 10-20% del peso corporal del niño.
  • Las características de la mochila: debemos elegir una mochila cómoda que se adapte a las necesidades del niño según la actividad o la edad. Las prestaciones también son importantes. Algunos extras a tener en cuenta son: que las correas sean acolchadas y regulables, si tiene cinturón a la altura del pecho y la cadera que ayude a transferir parte del peso de la mochila, si dispone de ventilación en la espalda, accesos al interior del compartimento principal, bolsillos exteriores e interiores, cobertor de lluvia o tela impermeable, etcétera.

Como recomendación general, los niños en edad de guardería deben llevar mochilas clásicas apenas cargadas con una muda limpia y una pequeña botella de agua. Sus mochilas deben ser de tamaño pequeño y con un solo bolsillo central. Mejor si tienen arnés de pecho que evite que los tirantes resbalen de los hombros y correa con asa para la muñeca de los padres. También es recomendable que lleven una etiqueta con su nombre y el teléfono de los padres en el interior.

A partir de los 3 años, los niños ya han mejorado lo suficiente su capacidad motora como para poder arrastrar una mochila por el suelo. De esta forma, se favorece el transporte de un mayor peso sin que se resientan los hombros ni la columna vertebral. De cualquier forma, ésta nunca debe ser tampoco de tamaño superior a la espalda del niño ni sobrecargarse por encima del peso anteriormente indicado.

Los modelos en forma de bandolera, con una sola tira cruzada sobre el pecho o la espalda, o de tipo bolso o maletín deben utilizarse a partir de la adolescencia, cuando ya somos capaces de mantener un ritmo constante de marcha con una carga significativa a cuestas. Tampoco es conveniente cargarlos demasiado ni escoger diseños muy grandes para el cuerpo del estudiante.

Como norma general, siempre es mejor escoger un modelo anatómico con tirantes y espalda acolchados. Y si es necesario, podemos aligerar el peso que carga el niño sobre la espalda, complementando y dividiendo el contenido de la mochila con un portafolios, clasificador o carpeta de mano.

Cuánto peso puede llevar un niño según su peso y edad

La capacidad de las mochilas se mide en litros y las recomendaciones de los expertos para niños y jóvenes, de entre 4 y 12 años, es que el peso total de la mochila ya cargada nunca debe pesar más del 15% del peso corporal del niño. Así que lo ideal es valorar cada caso de forma individual teniendo en cuenta el peso concreto del niño a la hora de elegir su mochila escolar.

Como recomendaciones generales, debemos escoger una mochila de menos de 6 litros para los menores de 3 años, de no más de 6 para los preescolares y de entre 14 y 30 litros para el resto de los niños por debajo de la edad adulta.

También es importante enseñar al niño a llevar adecuadamente la mochila, bien adaptada a su talla y puesta de manera correcta sobre los hombros y la espalda, para que el peso no le desequilibre al caminar, incline su espalda ni desvíe su columna.

Problemas por el exceso de peso en la mochila

Numerosos estudios relacionan los dolores de espalda con el uso continuado de mochilas muy pesadas. El doctor Wayne Yankus, de la Academia Americana de Pediatría, asegura que las mochilas provocan que los niños estén desequilibrados, haciendo que tengan una postura que aumenta la probabilidad de un dolor de la espalda baja.

Un estudio realizado en la Universidad de Auburn concluyó que las mochilas que son demasiado pesadas ponen en peligro las columnas en desarrollo de los niños y provocan doloresmusculares y de espalda, así como problemas de entumecimiento y dolor en el hombro.

Las mochilas sobrecargadas no sólo son responsables de lesiones en la espalda. También causan dolor de cuello, tensión en los hombros, dolores de cabeza y agotamiento general. Las mochilas que pesan en exceso también pueden ser las culpables de algunas lesiones de tobillo, ya que hacen que sus portadores caminen mal.

Incluso, hay profesionales de la salud que relacionan las mochilas sobrecargadas con algunos casos de escoliosis y otros problemas físicos permanentes. Esto se debe a que en la práctica se ha comprobado que el peso medio de las mochilas de los alumnos de 10 años es del doble de lo recomendado por los médicos. Para remediar este problema, debemos escoger una mochila adecuada a la edad, peso y talla de nuestros hijos y ayudarles a prepararla para ir al colegio.

Si enseñamos a los niños a preparar bien la mochila, escogiendo y priorizando el contenido en función de las asignaturas del día, en poco tiempo el pequeño aprenderá a preparar él solo su mochila (que, al fin y al cabo, es un objeto privado cuyo contenido es íntimo y personal, por lo que debemos respetarlo). Es importante que, para fomentar su autonomía, el niño vaya adquiriendo el hábito de ser él mismo quien la vacíe al final del día y quien la prepare para el día siguiente.

Para prevenir los problemas de espalda, también debemos inculcar en nuestro hijos unos hábitos de vida saludables, evitando que caigan en el sedentarismo y animándoles a realizar algún el ejercicio físico al menos dos veces por semana, especialmente deportes como la natación, que favorecen el desarrollo de los músculos de la espalda.

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Cifosis: causas, tratamiento y ejercicios correctivos. Estamos ante un problema de columna vertebral que, aunque en algunos casos puede ser leve, también puede agravarse si no se actúa a tiempo. Las posturas incorrectas son, en muchos casos, la señal de alerta.

La cifosis es una dolencia de la columna vertebral que aparece, generalmente, durante la adolescencia y que, para su correcto

tratamiento, lo prioritario es desvelar cuáles son las causas que están detrás. Además de tratar de resolver estas dudas, vamos a ver también algunos ejercicios correctivos.

Junto a la escoliosis y la lordosis, la cifosis es una de las dolencias más frecuentes de la columna vertebral. La cifosis se puede definir como una curvatura anormal de la columna vertebral, a la altura de la zona media y superior de la espalda. Puede tener causas varias y, por tanto,características particulares. En algunos casos, aunque haya cifosis, la columna se ve normal no siendo necesario ningún tipo de tratamiento y aplicando solo ciertas medidas, como mantener una postura adecuada, para corregir la leve curvatura. Ciertas medidas preventivas, así como el poner en práctica algunos ejercicios correctivos, ayudarán a aliviar los síntomas y a prevenir la dolencia. Vamos a centrarnos en un poco más en los cuidados que podemos poner en práctica.

Cifosis: características y causas

Aunque es un problema de la columna que se suele manifestar durante la adolescencia, también puede aparecer en la edad adulta como consecuencia de algún traumatismo o del diagnóstico de patologías crónicas y degenerativas, como la osteoporosis o la artritis. La cifosis más común es la postural, la cual puede provocar alguna incomodidad pero no suele llegar acompañada de dolor, tal y como sí sucede en los casos más severos de cifosis.

Además de postural –la cual se desarrolla a lo largo del tiempo y es cómplice de las malas posturas-, la cifosis puede ser congénita o estructural (cifosis de Scheuemann).

La cifosis se produce cuando hay una curvatura fisiológica de la columna, entre los 25 y los 45 grados. Por debajo de estos niveles se denomina hipocifosis. Por encima, hipercifosis.

Es común llegar a confundir cifosis con lordosis, si bien esta última hace referencia a la curvatura de la columna con la presencia de una depresión pronunciada de la columna vertebral en la región lumbar.

Cifosis: ejercicios y medidas preventivas

Excluyendo la posibilidad congénita, en otros casos la curvatura se acentúa con el tiempo, por lo que la prevención es una estrategia a seguir para retrasarla y, en la medida de lo posible, evitarla. Medidas fáciles de aplicar y eficaces para evitar que el problema empeore. Así, en algunos casos es suficiente, para corregir la cifosis, adoptar las posturas correctas –al sentarse, al dormir, al ponerse delante del ordenador o al levantarse- desde la infancia. Por la forma en cómo nos sentamos y realizamos determinados tareas –por ejemplo, la postura a la hora de comer o enfrente del televisor- podemos determinar si somos o no más vulnerables a padecer problemas de espalda, tanto dolores generales como específicos. No hay que subestimar ni restar importancia a las posturas incorrectas, sobre todo en el caso de los niños y adolescentes, ya que puede ser una señal de un problema de la columna vertebral.

Si la corrección de las posturas no es suficiente, hay otros remedios, como la práctica de determinados deportes, por ejemplo, la natación. Es aconsejable consultar al médico cuál es la actividad física más recomendada en función de la causa de aparición de cifosis. También se puede optar por un programa de ejercicios específicos, supervisados por el fisioterapeuta.

Entre los ejercicios correctivos se incluyen aquellos que se basan en extender, con la espalda rígida y recta –apoyada sobre una pared, por ejemplo-, las extremidades superiores, realizar elevaciones y rotaciones de los hombros. Los ejercicios para fortalecer los músculos del abdomen y la zona dorsal también son un buen aliado para cuidar la columna vertebral.
Cuando el ejercicio físico no es suficiente, y también fallan otras medidas, y la curvatura de la espalda es superior a 75 grados, el especialista puede recomendar la cirugía para corregir el problema.

En Clínica  Zafrilla Servicios Médicos, nuestros fisioterapeutas y profesionales pueden  indicarle cuales son las posturas correctas, corregirlas y prevenirlas. También estamos especializados en tratar lumbagos, dolores de espalda, cervicales, descarga de piernas y todo tipo de lesiones.

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febrero 7, 2024 ActualidadFisioterapia

Rotura de músculos isquiosurales (isquiotibiales y bíceps femoral) – Fisioterapia y readaptación deportiva.

Dentro del fútbol, deportes de pista y de velocidad las lesiones musculares son muy frecuentes. La rotura muscular de los músculos isquiotibiales (formados por el semitendinoso, semimembranoso y el bíceps femoral) representa el 12% de las lesiones totales y la lesión muscular más frecuente. Por culpa de la rotura muscular de los isquiosurales, los futbolistas se pierden 15 partidos y 90 días de entrenamiento cada temporada.

 

El mecanismo de rotura suele ser sin contacto. Normalmente se produce durante la carrera y en los minutos finales de la primera y segunda parte, cuando la fatiga es mayor. También es común que se produzcan cuando se va a golpear al balón y en el último momento se falla o un contrario nos quita el balón, por lo que terminamos dando una patada al aire que hace que los isquiotibiales tengan que soportar un gran momento de fuerza que supera sus límites de resistencia haciendo que se produzca la rotura muscular. En ese momento el jugador suele notar un “pinchazo” en la zona de la rotura y dolor al estirar la rodilla o al flexionar la cadera con la rodilla estirada, también notará dificultad o dolor al doblar la rodilla contra resistencia y según el grado de rotura tendrá mayor o menor impotencia al caminar.

Algunos de los factores predisponentes son:

  • El acortamiento muscular, especialmente de la cadena muscular posterior de nuestro cuerpo.
  • La debilidad muscular, fundamentalmente de los isquiotibiales y musculatura estabilizadora de la zona lumbopélvica (musculatura abdominal y transverso del abdomen) y cadera (glúteo medio). También puede ocurrir que la musculatura extensora (cuádriceps) sea mucho más potente que la musculatura flexora (isquiotibiales) y este desequilibrio propicie la rotura de los más débiles.
  • Elevada tensión neural (un exceso de tensión sobre el nervio ciático puede generar un espasmo de defensa en la musculatura isquiotibial para proteger de un sobreestiramiento al nervio ciático)
  • La fatiga y la descoordinación en la contracción de los grupos musculares, por falta de trabajo funcional y propioceptivo.
  • Lesión previa, en la cual no se ha seguido un correcto proceso de recuperación o readaptación al deporte. El deportista tiene recaídas por no haber trabajado el origen de la lesión, si no, sólo las consecuencias.

La alta incidencia de esta lesión es debido a la capacidad que tiene el músculo de desarrollar mucha fuerza en poco tiempo, y el elevado número de fibras de contracción rápida.

Dentro de la musculatura isquiosural, la zona más afectada es el bíceps femoral. Esto se debe a su compleja anatomía e inervación. Al tener sus dos porciones una inervación distinta, es más frecuente una alteración en la sincronización o asincronía en la contracción muscular. Esta asincronía provoca una disminución de la capacidad de absorber altas tensiones.

En análisis de la biomecánica de la carrera, se ha visto que la lesión se produce en la fase final de balanceo, cuando el isquiosural trabaja para desacelerar la pierna mientras controla la extensión de rodilla. En este momento, el músculo debe resistir el paso de una acción excéntrica a una concéntrica, momento de máxima tensión muscular y vulnerabilidad.

El tratamiento de la lesión de isquiotibiales y bíceps femoral (isquiosurales) es normalmente conservador. La intervención quirúrgica es muy poco frecuente. Al ser un músculo biarticular (que interviene en 2 articulaciones), su tratamiento debe ser global, atendiendo a factores como el acortamiento muscular de la cadena posterior, la tensión neural, la posición de las articulaciones implicadas y la recuperación de la fuerza de la musculatura, poniendo especial énfasis en el entrenamiento excéntrico en las fases finales de recuperación. Este tipo de entrenamiento preparara al músculo para soportar altas tensiones, momento en el que suele lesionarse.

En Clinica Zafrilla  disponemos de un equipo multidisciplinar de profesionales y medios técnicos para conseguir una recuperación completa y funcional de tu lesión. Asegurándote una vuelta a tu deporte tras una correcta readaptación deportiva.

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Fuentes de información

  • The football association medical research programme: an audit of injuries in proffessional football- analysis of hamstring injuries. C Woods et al. Br J Sports Meds 2004 38:36-41
  • Premiummadrid.


enero 17, 2024 ActualidadFisioterapia

Rotura de músculos isquiosurales (isquiotibiales y bíceps femoral) – Fisioterapia y readaptación deportiva.

Dentro del fútbol, deportes de pista y de velocidad las lesiones musculares son muy frecuentes. La rotura muscular de los músculos isquiotibiales (formados por el semitendinoso, semimembranoso y el bíceps femoral) representa el 12% de las lesiones totales y la lesión muscular más frecuente. Por culpa de la rotura muscular de los isquiosurales, los futbolistas se pierden 15 partidos y 90 días de entrenamiento cada temporada.

 

El mecanismo de rotura suele ser sin contacto. Normalmente se produce durante la carrera y en los minutos finales de la primera y segunda parte, cuando la fatiga es mayor. También es común que se produzcan cuando se va a golpear al balón y en el último momento se falla o un contrario nos quita el balón, por lo que terminamos dando una patada al aire que hace que los isquiotibiales tengan que soportar un gran momento de fuerza que supera sus límites de resistencia haciendo que se produzca la rotura muscular. En ese momento el jugador suele notar un “pinchazo” en la zona de la rotura y dolor al estirar la rodilla o al flexionar la cadera con la rodilla estirada, también notará dificultad o dolor al doblar la rodilla contra resistencia y según el grado de rotura tendrá mayor o menor impotencia al caminar.

Algunos de los factores predisponentes son:

  • El acortamiento muscular, especialmente de la cadena muscular posterior de nuestro cuerpo.
  • La debilidad muscular, fundamentalmente de los isquiotibiales y musculatura estabilizadora de la zona lumbopélvica (musculatura abdominal y transverso del abdomen) y cadera (glúteo medio). También puede ocurrir que la musculatura extensora (cuádriceps) sea mucho más potente que la musculatura flexora (isquiotibiales) y este desequilibrio propicie la rotura de los más débiles.
  • Elevada tensión neural (un exceso de tensión sobre el nervio ciático puede generar un espasmo de defensa en la musculatura isquiotibial para proteger de un sobreestiramiento al nervio ciático)
  • La fatiga y la descoordinación en la contracción de los grupos musculares, por falta de trabajo funcional y propioceptivo.
  • Lesión previa, en la cual no se ha seguido un correcto proceso de recuperación o readaptación al deporte. El deportista tiene recaídas por no haber trabajado el origen de la lesión, si no, sólo las consecuencias.

La alta incidencia de esta lesión es debido a la capacidad que tiene el músculo de desarrollar mucha fuerza en poco tiempo, y el elevado número de fibras de contracción rápida.

Dentro de la musculatura isquiosural, la zona más afectada es el bíceps femoral. Esto se debe a su compleja anatomía e inervación. Al tener sus dos porciones una inervación distinta, es más frecuente una alteración en la sincronización o asincronía en la contracción muscular. Esta asincronía provoca una disminución de la capacidad de absorber altas tensiones.

En análisis de la biomecánica de la carrera, se ha visto que la lesión se produce en la fase final de balanceo, cuando el isquiosural trabaja para desacelerar la pierna mientras controla la extensión de rodilla. En este momento, el músculo debe resistir el paso de una acción excéntrica a una concéntrica, momento de máxima tensión muscular y vulnerabilidad.

El tratamiento de la lesión de isquiotibiales y bíceps femoral (isquiosurales) es normalmente conservador. La intervención quirúrgica es muy poco frecuente. Al ser un músculo biarticular (que interviene en 2 articulaciones), su tratamiento debe ser global, atendiendo a factores como el acortamiento muscular de la cadena posterior, la tensión neural, la posición de las articulaciones implicadas y la recuperación de la fuerza de la musculatura, poniendo especial énfasis en el entrenamiento excéntrico en las fases finales de recuperación. Este tipo de entrenamiento preparara al músculo para soportar altas tensiones, momento en el que suele lesionarse.

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  • The football association medical research programme: an audit of injuries in proffessional football- analysis of hamstring injuries. C Woods et al. Br J Sports Meds 2004 38:36-41
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Tipos de dolor de espalda: lumbalgia, artrosis, hernia discal o ciática
Distintas afecciones o patologías provocan dolor localizado en la parte baja de la espalda. Algunas de ellas son la lumbalgia, el lumbago, la artrosis o la hernia discal. Otras, como la lumbociática o la ciática causan dolor no solo en la espalda sino también a lo largo de la pierna.


Lumbalgia o dolor de espalda baja
La lumbalgia es un dolor localizado en la parte baja de la espalda, a nivel de las vértebras lumbares, precisamente debajo de la última vértebra que sostiene el último par de costillas.

La lumbalgia puede ser aguda y durar solo unos cuantos días o, por el contrario, convertirse en una afección crónica y prolongarse durante tres meses o más.

Lumbago o dolor en la región lumbar
El lumbago es un dolor intenso localizado en la región lumbar. Por lo general, este dolor puede aparecer tanto en ambos lados de la columna como en uno solo y siempre como consecuencia de un «movimiento en falso».

La artrosis produce dolor de espalda pero puede afectar a todo el cuerpo
La artrosis es una enfermedad crónica que evoluciona de manera lenta y sin manifestaciones graves. La artrosis aparece como consecuencia del desgaste de los cartílagos y puede afectar a todas las articulaciones del cuerpo.

La aparición de dolor en la parte baja de la espalda indica que la artrosis ha afectado a las vértebras lumbares.

Qué es una hernia discal y por qué causa dolor de espalda
Entre las vértebras de la columna existen unas almohadillas cartilaginosas llamadas discos intervertebrales. La función de los discos intervertebrales es permitir la flexibilidad de la columna vertebral y amortiguar la presión entre las vértebras.

La hernia discal, también llamada hernia de disco lumbar, es una deformidad que sobresale del disco intervertebral.

Qué ocurre cuando se tiene una hernia de disco lumbar
Entre las consecuencias de la hernia discal se encuentran la aparición de dolores lumbares si la hernia no tiene contacto con el nervio ciático.

En cambio, cuando la hernia llega a tocar una de las raíces del nervio ciático, se denominaráciática.

Qué causa la ciática o dolor en el nervio ciático
La ciática tiene su origen en la protuberancia de una hernia discal situada en uno de los dos últimos discos lumbares.

La hernia discal puede aparecer tanto entre las dos últimas vértebras lumbares (L4 y L5) como entre la última vértebra lumbar (L5) y la primera vértebra del hueso sacro (S1).

La hernia discal provoca dolor a lo largo del nervio ciático. Dicho dolor empieza en la zona del glúteo, baja por el muslo y llega hasta el pie.

Qué es la lumbociática
La lumbociática es una afección que produce dolor en la parte baja de la espalda y a lo largo de la pierna.

La lumbociática consiste en la irritación de las raíces del nervio ciático secundario debido a una lesión del disco intervertebral.

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