septiembre 17, 2021 FisioterapiaSalud

Son dos de las terapias más comunes para aliviar los dolores musculares o las molestías en las articulaciones. El problema es que la mayoría de las personas que hacen ejercicio no tienen muy claro cuál deben usar: frío o calor.

La respuesta rápida es depende de cuán reciente es el dolor o de si se trata de un malestar recurrente.

Por lo general, una lesión nueva suele causar una inflamación en la zona afectada, por lo que el frío puede actuar para reducir el flujo sanguíneo y por lo tanto, evitar que se produzca una mayor inflamación.

El calor, por su parte, es más recomendado para los dolores crónicos ya que al generar un efecto opuesto, de mayor flujo de sangre, permite que haya una curación más rápida.

Una investigación reciente de la Clínica Mayo, de Estados Unidos, recomienda la fórmula general de optar por la terapia fría primero y luego por un tratamiento con calor.

Cuándo el frío

En un artículo publicado por la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, un grupo de expertos en medicina deportiva explicaron cómo aplicar frío puede ser crucial durante las primeras 48 a 72 horas de que se haya producido la lesión.

Según el doctor Cayce Onks, del Centro Médico Penn State Hershey, el hielo puede reducir el daño del tejido secundario y aliviar el dolor de la zona afectada.

Le recomendación es aplicar el hielo durante 20 minutos por cada hora, para evitar que se produzca daño en la piel.

El centro médico de la Universidad de Rochester, por su parte, recomienda en su departamento de salud el uso de parches fríos o hielo en áreas que están inflamadas o donde haya una contusión.

Este tipo de terapia es buena para esguinces, para cuando se fuerza mucho una zona del cuerpo, chichones y morados en la piel.

Cuándo el calor

«El calor transporta sangre a la zona afectada, la cual suministra los nutrientes que el tejido necesita para sanar», dijo el doctor Onks. «También puede incrementar la flexibilidad de los tendones y los músculos».

Al permitir una dilatación de los vasos sanguíneos, el calor acelera el flujo y facilita la llegada de oxígeno y nutrientes que reduce la presión sobre las articulaciones y alivia el dolor en los de músculos.

Los parches calientes también reducen la aparición de espasmos musculares y mejoran la flexibilidad de ligamentos y tendones.

La terapia de calor es uno de los tratamientos más efectivos para problemas crónicos como la artritis.

En cualquier caso, el método que se recomienda que se aplique inicialmente cuando se sufre una lesión es el programa conocido como RICE (Rest, Ice, Compression and Elevation), es decir, reposohieloaplicar presión y en elevación.



¿La manta eléctrica o una bolsa de hielo? Esa es la cuestión y no siempre tenemos claro qué es lo más recomendable en cada caso. El uso de la temperatura con fines terapéuticos es lo que se conoce como termoterapia, aunque en realidad este término hace referencia a la aplicación de calor, mientras que el de crioterapia se limita al frío.

Es importante saber exactamente cómo reacciona el organismo frente al aumento o descenso de la temperatura en una zona determinada. En general, el frío provoca un efecto vasoconstrictor y antiinflamatorio, por lo que, en principio, podría aplicarse para frenar la hinchazón y la aparición de un hematoma tras recibir un golpe o sufrir un traumatismo leve.

El calor, por su parte, provoca lo contrario, es decir, hace que lasvenas y las arterias se expandan, favoreciendo el flujo sanguíneo. Además, contribuye a la relajación muscular. En cambio, aplicarlo cuando no corresponde agravaría cualquier proceso inflamatorio, tal y como recuerdan los fisioterapeutas y entrenadores deportivos.

¿Cómo aplicar frío o calor cuando resulten conveniente?

A este respecto, el doctor Cristóbal Nuñez-Cornejo, coordinador del Grupo Especial Senior-SER (Sociedad Española de Reumatología @SEReumatologia) explica que la crioterapia, por su efecto analgésico y vasoconstrictor, se puede utilizar en cualquier situación articular y/o muscular dolorosa que pueda presentar, además, inflamación. No obstante, también señala algunas limitaciones importantes. Estaría contraindicado en el caso de padecer algunas patologías específicas, como las distintas vasculitis o la enfermedad o fenómeno de Raynod.

En cuanto al calor (baños de parafina, bolsas de agua caliente, uso de infrarojos…), tiene un importante efecto analgésico y podría ser un buen alivio frente al dolor, pero teniendo en cuenta que nunca debe aplicarse si existe algún tipo de derrame articular (líquido sinovial, por ejemplo) ni tampoco un cuadro clínico de artritis.

En general, antes de recurrir a estos métodos para mejorar los síntomas de cualquier dolencia, es importante la consulta previa con el especialista para actuar con total seguridad.

Respecto a la forma de aplicación, hay que recordar que tanto el frío como el calor pueden acabar quemando nuestra piel, por lo que no debemos aplicarlos directamente, sino con una toalla, una gasa o un pañuelo que sirva de protección. Tampoco podemos mantenerlos por tiempo indefinido. La clásica bolsa de gel, que sacamos del congelador, no debe estar sobre la zona más de 8 o 9 minutos. En el caso del calor, tampoco es recomendable mantener su aplicación más de 20 minutos seguidos.

Mariola Báez


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